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Terra
La Coctelera

Categoría: Recuerdos

Un recuerdo: Superman

La primera película no infantil que fui a ver al cine fue Superman. Recuerdo que mi hermana y yo éramos muy pequeñas y mis padres nos llevaron. Yo esperaba ver dibujos, y cuando el telón se abrió (porque entonces había telón hasta en el cine diminuto de mi barrio) y se apagaron las luces, me sorprendió ver a unas personas muy grandes en la pantalla. Creo que eso fue lo que más me sorprendió. En casa había un televisor pequeño, en blanco y negro, y ver las imágenes tan grandes y en color era mágico. Lo de la sala a oscuras lo tenía dominado, porque ya había ido al cine más veces, así que no tenía miedo.

Y me encontré sentada en una butaca que en aquella época me quedaba muy grande, en la que mis pies no llegaban al suelo, y con Marlon Brando haciendo que su hijo se salvara de la muerte en su planeta. Marlon Brando, que luego se convirtió en uno de mis actores favoritos... El niño llegaba a la tierra más crecidito y se convertía en un chico del que todos se burlaban en su instituto, los muy ilusos. No sabían que iba a ser el Hombre de Acero, con el rostro de Christopher Reeve.

Por supuesto, el hecho de que pudiera volar y salvar a los pobres humanos que estaban a merced de las maldades de Lex Luthor me llamó mucho la atención. Con lo imaginativa que he sido yo siempre, me imaginaba a mí misma volando. Por suerte, nunca intenté imitarle.

El caso es que me olvidé de que estaba en un cine, sentada en una butaca muy grande, y me ocurrió lo que me ha pasado muchas veces, me metí en la película. Todo lo demás desapareció.

Lo que no pude entender es por qué Lois Lane no se daba cuenta de que Clark Kent y Superman eran el mismo...

Ahora, si tengo que imaginarme a Superman, solo puedo hacerlo con el rostro de Christopher Reeve, un verdadero héroe en la vida real, nunca como el jovencito de Smallville, ni como la nueva adaptación al cine del personaje. Es imposible renunciar a los recuerdos infantiles, igual que no puedo imaginarme a Luke Skywalker con el rostro que no sea de Mark Hamill o a otro Indiana Jones. No me gustan los remakes...

Cómo me hice cinéfila

Cuando compró las entradas se las guardó en el bolsillo y se colocó con su hermana en la cola para entrar en el cine. Era un local pequeño, de barrio, con cuatro salas desde que el dueño lo había reformado un año antes.

"Seguro que es muy bonita la película", pensó, mientras su hermana buscaba unas monedas en su pequeño monedero de color rosa.

Las puertas se abrieron y la gente empezó a entrar en el vestíbulo del cine; compraron unos refrescos, y entregaron la entrada. "Sala dos", dijo el hombre, señalando con el dedo. Caminaron hacia la puerta, sonrientes, pensando las dos que era la primera vez que iban solas al cine, sin sus padres, sin la madre de alguna amiga del colegio, solo ellas.

La sala estaba poco iluminada; la gente iba ocupando sus butacas, y las dos hermanas encontraron las suyas. En cuanto se sentaron se apagaron las luces y comenzaron los anuncios de películas, con los comentarios de "esta puede estar bien", "esta parece un bodrio", y finalmente los título de crédito de la que iban a ver. Contuvieron la respiración, y las primeras imágenes de El Último Emperador surgieron ante sus ojos, hasta que la sala desapareció, la butaca se hizo invisible, la luz de emergencia de la pared dejó de existir, porque estaban allí, en China, y ya no existía nada más que la película.


Cuando salieron del cine, las dos estaban impresionadas y comentaron lo bonita que les había parecido la película. Esa fue una de las muchas veces que fueron juntas al cine, en ese cine pequeño, de butacas minúsculas e incómodas que estaba en su barrio, que ahora es un supermercado, pero que fue muy importante durante esos años.

Allí me hice cinéfila...

Selene