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Ayer hablé de la banda sonora, y hoy quiero hacerlo sobre la película.

El día que conseguí ver La Doble Vida de Verónica, fue la culminación de mis empeños como cinéfila por encontrarla. Sabía que había muchas posibilidades de que me gustase, como me había gustado la trilogía de Tres Colores, Azul, Blanco y Rojo, de Krzyssztof Kieslowski, y sabiendo además que la banda sonora es de Zbigniew Preisner, uno de mis compositores favoritos de bandas sonoras. No podía defraudarme.

La película es de 1991. Para los que no conozcan el argumento, lo explicaré sin desvelar nada. Trata de dos mujeres que viven, una en París y otra en Cracovia, con vidas similares. La actriz Irene Jacob fue quien interpretó ambos papeles y consiguió por ello el premio en el Festival de Cannes a la mejor actriz, muy merecido. Además de ella, actúan Halina Gryglaszewska, Kalina Jedrusik, Aleksander Bardini, Wladyslaw Kowalski, Jerzy Gudejko, Janusz Sterninski, Philippe Volter, Sandrine Dumas, Louis Ducreux, entre otros.

Hay momentos muy bellos y a la vez simbólicos, como el de las marionetas, que es bastante conocido (y si no, pasad por mi anterior post y podéis verlo en el segundo video). La música transcurre durante toda la película llevándonos de la mano por las emociones de las dos protagonistas, haciendo que nos parezcan más intensas todavía. Podemos sentir el amor, la pasión, la curiosidad que sienten ellas y hacer que esas emociones sean nuestras también, gracias a esas melodías con voces femeninas que tanto le gustan a Preisner. De hecho, la música es otro personaje de la película, tan imprescindible como las dos Verónicas.

Y no solo es mérito de la música, sino también de la impecable interpretación de todo el reparto, especialmente de Irene Jacob, que tiene que parecer dos personas distintas pero iguales. Me explico: no es Irene Jacob haciendo el mismo papel dos veces, exactamente el mismo papel, sino Irene Jacob interpretando a dos mujeres individuales que son almas gemelas.

Otro acierto de La Doble Vida de Verónica es el uso de las luces y de los colores, en resumen, una fotografía maravillosa de Slawomir Idziak que hace que toda la película me recuerde a una delicada pieza de cristal.

Me gustó mucho el final de la película, pero por supuesto, no pienso contarlo... Es una joya del cine, llena de sensibilidad.